El jefe les condujo hacia el gremio. Este era una chabola
construida con materiales prefabricados. En la puerta, había un cartel que decía:
Esto no es el gremio de asesinos, aquí no hay nada dentro. El asesino sacó una
llave del bolsillo y abrió la puerta. Esta se desplomó sobre sus goznes hacia
dentro.
-
Eh, ¿Por qué entramos aquí? Ahí fuera dice que
no es el gremio de asesinos – Dijo Berktaroth
-
Es un camuflaje. Aquí (Hizo gesto de comillas
con las manos) no hay asesinos ¿Entiendes?
-
Y si aquí no hay asesinos, ¿Por qué entramos? -
Dijo Berktaroth haciendo gesto de comillas con las manos
-
¿Por qué haces gesto de comillas con las manos?
-
Creía que cada vez que se dice asesinos hay que
hacerlo
-
No tranquilo, ya quitamos esa regla – Dijo el
jefe
-
¿Y con ese letrero en la puerta no se os cuelan
curiosos? - Le preguntó Zachemius
-
Si, por eso tenemos un montón de trampas
absurdas y dolorosas en las ventanas. Ahora debería de poner trampas en la
puerta también – Dijo el asesino mirando apesadumbrado la puerta echa pizcos en
el suelo.
-
Pero tengo entendido que los asesinos soléis
entrar por las ventanas
-
Si – Suspiró el jefe – Fue una semana muy
trágica para el gremio. Es de estas cosas que pasan, se te olvida comentárselo
a la gente y...
-
… Entiendo – Zachemius se veía algo traspuesto
El jefe avanzó hacia una trampilla oculta en el suelo. En realidad,
estaba en medio de un intento de ocultez, puesto que sería perfectamente
visible para un ciego muy inválido. Dio tres toques largos y tres cortos en la
trampilla y luego la abrió el mismo.
-
Que no se pierdan las buenas costumbres – Dijo
satisfecho
Descendieron por unas escaleras desvencijadas hasta el
subterráneo donde se ocultaban la flor y nata de los asesinos de Pyrule-Ta.
-
Emmm, este gremio de asesinos no debería de tener...
¿Asesinos?
-
Ah sí, un feo asunto. Por lo de las trampas fundamentalmente ¿Sabes? La
gente, se toma las cosas muy a pecho, las mutilaciones y esas cosas. Nimiedades
en realidad, pero en fin, los tuve que matar a todos, era o eso o reconocer que
me había equivocado. Pero bueno, me queda mi fiel ayudante.
Zachemius y Berktaroth observaron fijamente al ayudante.
Este se sonrojó. Mirándolo quedaba perfectamente claro que el jefe debía de ser
la nata de los asesinos y el ayudante, por descarte, el otro concepto,
signifique esto lo que signifique.
-
Bueno dijiste que tenías un mapa ¿No? - Inquirió
Zachemius
-
Emmm, ¿Yo dije eso?
-
Si
-
Pues... Emmm... creo que mi mapa imaginario se
lo comió mi perro imaginario – Dijo el asesino con dramatismo (Zachemius
imaginó oír un guau) – Sin embargo, se de alguien que si tiene algo que podría
seros de ayuda.
-
¿Quién?
-
Allí en esa esquina está
En la esquina en sombra, destacaba un bulto informe.
Repentinamente, una luz lo iluminó con dramatismo.
-
Emmm señor jefe de los asesinos...
-
Puedes llamarme Razz
-
Bonito nombre
-
No es mi nombre pero puedes llamarme así
-
No parece mucho un nombre de asesino
-
No, pero ¿A que suena moderno?
-
Eh, si bueno - (Zachemius no vio prudente
llevarle la contraria al jefe del gremio de asesinos) – Dijiste que allí en la
esquina había alguien que podía ayudarnos.... Yo solo veo un gato
-
¡Muy señor gato pedazo de gilipollas! - Gritó el
gato
-
¿Qué tipo de brujería es esta? – Exclamó alarmado
Zachemius
-
Este es el famoso sabio Krademos. Yo lo llamo Bolita
de pelo – Dijo Razz
-
Ey Bolita – Llamó Zachemius haciendo el típico y
universal gesto idiota que hacemos los humanos para llamar a los animales
-
¡Para vosotros soy un muy señor gato pedazo de
anormal!
-
Pero si eres un gato. ¿No sería muy gato y... Emmm...
algo más?
-
¿Por qué me haces tratar con estos pedazos de imbéciles
Razz? ¿Y donde esta mi pienso?
-
Tranquilízate Bolita. Vienen a que les ayudes a
colarse en el castillo de la princesa Lerda.
-
¿Y eso para? ¿Qué gano yo?
-
Porque me gustaría que el dios del caos, cuando
conquiste el mundo, me regale un palacio de cristal rosa, con unicornios
vagando entre frondosos parterres de hermosas florecillas donde liban bellas
mariposas – Por el tono en que hablaba Razz, Zachemius no alcanzaba a saber si lo
que decía era en broma o en serio. Hay una curiosa anécdota que le sucedió
sobre esa particularidad a Razz. Curiosa y trágica. – Y porque me aburro
también.
-
Pues yo quiero recibir algo también, pedazo de
cansinos – Dijo Bolita enfurruñado
-
Vaya, este último insulto no ha sido muy fuerte –
Respondió Zachemius irónicamente.
-
Para fuerte la ostia que te vas a llevar, pedazo
de lamebarros
-
¿Una ostia me vas a dar? ¿Con qué manos?
-
¡Calmaos ya los dos! – Razz comenzaba a
irritarse - ¿Qué te gustaría a cambio, Bolita?
-
Tres cajas de sardinas
-
Dos
-
Tres
-
Dos
-
Tres
-
Cuatro
-
Tres. Ey espera… - Bolita se quedó pensativo
-
Está bien, tres – Rió Zachemius
-
¡Eres un jodido chupacharcos! – Bramó Bolita
-
Me lo dicen mucho
-
Bueno, basta ya. Enséñale lo que tienes Bolita.
-
Esto es una guía de cómo entrar al castillo. Circulaba
antes de la construcción de la fortaleza y, como al rey le gustó el diseño, lo
hizo construir así. Ese pedazo de idiota no entiende el concepto seguridad.
-
Muchas gracias muy señor gato. Se lo agradecemos.
Y ahora si nos disculpa su señoría… - Dijo Zachemius irónicamente
-
¡Un momento cara de aborto! ¡No es tan sencillo!
Para entrar en los jardines, hay que traspasar el escudo octarino por donde es
más frágil. Este lugar es una puerta donde hay que ordenar los colores en una
determinada secuencia. Y me temo que solo Berktaroth posee el poder necesario
para traspasar el escudo sin daños – El gato sonrió misteriosamente
-
¿Me temo? ¿Por qué lo temes?
-
Ya lo vereís dijo el sabio riéndose
-
Pongamonos en marcha – Dijo Razz – Nos espera
una princesa que secuestrar
Razz los condujo por un laberinto de túneles. Llegaron a una
puerta de madera muy simple.
-
Yo me quedo aquí – Dijo Razz
-
¿Por qué?
-
Porque detrás de esta puerta hay un soldado
vigilando el acceso al jardín.
-
Pues matalo
-
No puedo
-
¿No puedes? Pero, ¡Si eres un asesino!
-
Ya, por eso solo mato por dinero. Me falta
motivación ¿Sabes? La motivación es fundamental. Cualquier buen empresario lo
sabe.
-
En fin, ya me encargo yo – Dijo Berktaroth
entusiasmado materializando una espada láser en su mano
-
Emmm, eso ¿No es de otra historia?
-
Bah, no creo que se den cuenta
Berktaroth entró y cerró rápidamente. Al cabo de cinco
minutos se oyó un ‘’yaaaa’’ infantil. Entraron. Era una cámara de alto techo
abovedado. En el centro, se encontraba la puerta que daba acceso al jardín. En el
suelo, en medio de un charco de sangre, había un soldado con la cabeza
cercenada.
-
¡Joder es espantoso! – Exclamó Zachemius -
¡Jamás había visto nada tan horrible en toda mi vida! ¡Y además hay un cadáver
sin cabeza!
Obviando ese comentario, se acercaron a la puerta. Berktaroth
miró los colores.
-
Venga, ¿A que esperas? Ordénalos
-
Me temo que… no puedo – Musitó
-
¿Por qué no?
-
¡Porque soy el dios del caos, maldita sea!
Berktaroth, tras varios intentos frustrados, se irguió,
hecho una furia y lanzó un rayo contra la puerta. El escudo lo reflejo y por
poco no desintegra a Zachemius.
-
Calmese mi señor, mire, la puerta estaba
abierta. Ja ja ja ja ¿Qué cosas no? – Dijo Zachemius atemorizado por la cara
que estaba poniendo Berktaroth
-
Continuemos – Propuso Razz conciliador
Accedieron al jardín mientras Berktaroth iba dándole patadas
a las paredes y murmurando para sí. Siguieron la guía fielmente y se
encontraron ante un muro cubierto por una enredadera.
-
Tendremos
que trepar – Dijo Zachemius con ánimo
-
Pero Zachemius…
-
¡No perdamosmás tiempo, vamos! – Con gran
presencia de ánimo, el nigromante comenzó a escalar muy trabajosamente por la
enredadera.
Berktaroth y Razz lo contemplaron desde abajo. Cuando por
fin subió, el mago les dijo:
-
¿Qué haceis ahí plantados como pasmarotes?
¡Subid!
-
Eso presisamente quería decirte. No era
necesario trepar.
Berktaroth agarró del cuello de la capa a Razz y se elevó
suavemente por lo aires hasta care blandamente al lado de Zachemius. Este lo
observaba con el rostro demudado.
-
En fin – Dijo Zachemius respirando profundamente
varias veces – Avancemos
Se colaron en el castillo. Este estaba en penunmbra. Se respiraba
un ambiente calmo, casi como si no viviese nadie allí.
-
¡Alguién viene! ¡Escondámonos es aquella sala!
Todos corrieron lo más sigilosamente que pudieron y se
metieron en la sala. Justo cuando trataban de ocultarse con una cortina de
terciopelo rojo, la puerta se abrió.
-
Pero ¿Qué? – Dijo perplejo el recién llegado
Este era un mayordomo. Cabe decir que un típico mayordomo de
finca inglesa del siglo XIX. Y detrás de si arrastraba lo que parecía…
-
¿Un cadáver? – Preguntó Razz perplejo
-
¡SI! – Chilló el mayordomo fuera de sí - ¡ES EL
ARQUITECTO DE ESTE MALDITO CASTILLO! ¡ESTABA YA HARTO DE TENER QUE PASAR POR
MILES DE TRAMPAS Y MATAR MILES DE BICHOS HASTA PARA IR A MEAR! Por favor, no se
lo digáis al rey – El mayordomo se echó a llorar
-
No se lo diremos – Dijo Razz ladinamente – Pero a
cambio deberás de…
Razz cuchicheó algo al oído del mayordomo. Este se puso
pálido pero asintió con decisión.
-
Lo haré
Y EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO
¿LOGRARAN SECUESTRAR A LERDA? ¿QUÉ LE HABRÁ DICHO RAZZ AL
MAYORDOMO? ¿LES AYUDARÁ? ¿DÓNDE ESCONDERÁN EL CADÁVER DEL ARQUITECTO? ¿ESTE ERA
BUENA GENTE O SE LO MERECÍA?
NO SE PIERDAN EL PRÓXIMO CAPÍTULO DE: LA VENGANZA DE
BERKTAROTH
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